ME DIRIJO A VOSOTROS
¡Oh, que os sea suficiente Mi mensaje, que aceptaríais Mi Palabra, y la mováis seriamente en vuestro corazón y ahora también desearíais vivir conforme a ella! Entonces, sin duda, también experimentaríais la fuerza de Mi Palabra; percibiríais interiormente que vuestro Padre os ha hablado, Que ama a Sus hijos y desea lo mejor para ellos para que seáis bendecidos … Una y otra vez os lo digo que solo Mi gran amor Me impulsa a hablaros, y que Mi amor infinito es el fundamento de todo lo que veis, de todo lo que os rodea, de todo lo que experimentáis …
Y así os demuestro Mi amor una y otra vez, pero vosotros no lo reconocéis … Exigís otras pruebas para aceptar Mis revelaciones como verdaderas … Cada uno de vosotros quiere ser abordado él mismo, y sin embargo, os hablo a todos cuando Mi Palabra resuena desde lo alto. Pero os doy algo en qué pensar: como Mis “criaturas”, vosotros emanasteis de Mí … como Mis “hijos” debéis regresar a Mí …
Esta transformación en “hijos” es algo que vosotros mismos debéis lograr. Y ahora depende de vosotros si lo conseguís y cuándo. Si ahora os esforzáis seriamente por lograr este objetivo durante vuestra existencia terrenal, entonces emprenderéis esta transformación en lo más profundo de vuestro interior, estableceréis una conexión Conmigo en el corazón y entonces también podréis escuchar Mi mensaje en el corazón mismo y ser bendecidos. Entonces vosotros mismos estableceréis la relación correcta entre el hijo y su Padre, y entonces el Padre también Se dirigirá a Su hijo, el hijo oirá la voz del Padre en su interior y ya no dudará de que el Padre Mismo le habla.
Esta madurez, por lo tanto, debe tener un ser humano al que se dirige Mi dirección directa … Sin embargo, las meras palabras no pastan para probar esta relación íntima, y no debéis creer que os habéis convertido en “hijos”, sino que debéis esforzaros todos por llegar a ser verdaderos hijos de vuestro Padre. Y este es el propósito de Mi mensaje desde lo alto: guiar a Mis criaturas hacia una forma de vida que las convierta en verdaderos hijos, que cumplan la voluntad del Padre en todo, y a quienes entonces también Me dirigiré como un Padre habla a Sus hijos.
Mi Palabra que resuena en vosotros desde lo alto, os revela una y otra vez Mi amor infinito. Mi amor es tan grande que os concede una gracia inmerecida, pues aún no disponéis del grado de madurez necesario para ser dignos de poder escucharme. Sin embargo, como Mi amor por vosotros no ha disminuido, pasa por alto vuestro estado deficiente y os otorga gracias en abundancia. Y la recepción de la Palabra para vosotros, los seres humanos, debe considerarse como tal gracia, a través de la cual os doy a conocer Mi naturaleza de Ser, que es amor, sabiduría y poder … Y quien, por lo tanto, acepta Mi Palabra, sabe también que Mi amor lo busca constantemente, que lo cuida y vela por él, que no permitirá que se pierda y que desea prepararle la dicha eterna …
Por lo tanto, no necesita más pruebas de Mi amor, pues su corazón lo siente en cuanto se abre en libre albedrío … Y entonces el ser humano también sabe que es y seguirá siendo Mi hijo, porque se esfuerza constantemente por acercarse a Mí, porque corresponde al amor que Yo le doy …y entonces está íntimamente conectado Conmigo … Sin embargo, todas las apariencias externas le son ajenas; su vida interior está completamente dirigida espiritualmente, y el mundo exterior apenas lo afecta … Él solo irradia amor, y por eso se puede reconocer su madurez espiritual, no por palabras ni gestos, que cualquiera puede usar, incluso si aún no ha alcanzado la madurez espiritual.
Por lo tanto, tampoco jamás debáis juzgar por las apariencias, pues estas pueden ocultar una vida interior la que no podéis reconocer, pero la que Yo siempre conozco. Por consiguiente, no solo debéis recibir Mi Palabra con la mente, sino dejar que penetre profundamente en vuestro corazón, y entonces obrará en vosotros y dentro de vosotros al vivirla y cumplir mi voluntad. Pues la Palabra Misma debe convenceros, y también os convencerá, si vuestra voluntad está dirigida hacia Mí, mientras os esforcéis seriamente hacia el Padre de Quien emanasteis una vez …
Amén